Este 23 de diciembre, me sentí un poco extrañada al ver que
la gente se agita y se preocupa por la compra de regalos, por la cena que consumirán
junto a sus familias y los adornos que presumirán ante ellos. Olvidaron lo que
es la verdadera raíz del festejo. El nacimiento de Jesús es el motivo por el
cual el día 24 del último mes del año, es festivo. Sin embargo, más allá de esto, la mayoría de la población ha tomado la fecha como un día en el cual se puede cometer todo tipo de exceso; en comida, en la bebida, y un derroche de bienes…. A pesar de que se proclama la paz, los hombres se afanan en lanzar cohetes y diferentes instrumentos de pirotecnia al cielo, desafinado la ley y la resistencia de los asustados animales que se estremecen ante los fuertes tronidos.
Es hermoso ver como las familias se reúnen, después de estar
ausentes, durante el año, en la mente de sus miembros. Sin embargo así se
maneja el cariño en el siglo presente, a distancia y vía tecnológica. Y parece
ser que se compensa con un costoso presente o a veces no tan caro. Las
relaciones humanas son complejas, y se enfrían rápidamente.
El autor del texto no es Grinch, aunque así lo parezca,
puesto que tiene muy claro que la Navidad es un cumpleaños simbólico, al que se
debe guardar respeto, pero en el que se permite hacer una cena en compañía de
los demás. Sin embargo, las fiestas escandalosas y caóticas llenas de excesos
son invento de los hombres. La necesidad de tomar un día, para justificar sus acciones
libertinas que reprimen durante todo un
año. Si usted no es así, le felicito que haya pasado una feliz Navidad, y si es
de los que se exceden, lo invito a que reflexione.
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